Miró alrededor, esperando encontrar los trozos en los que su cabeza se había dividido, lo que vio fue aún más sorprendente de lo que esperaba, ni rastro de masa encefálica, solo enormes pompas de jabón que parecían salir de la parte más alta de su cráneo.
Aturdida fue corriendo hacia un espejo, allí y haciendo mil equilibrios consiguió vislumbrar un agujero en lo alto de su cabeza, algo así como la ranura de las huchas, en ese momento y posiblemente por el miedo que sentía rompió a reír imaginando ser un enorme cerdo de escayola, susurraba para sí misma, -me he imaginado como una vaca, pero ahora resulta que solo me equivocaba de animal-.
Una vez cesaron las risas se desplomó sobre una silla, la habitación sequía llenándose de pompas, cada vez había más, no eran transparentes, parecían contener humo, unas esféricas nebulosas todas del mismo tamaño.

En uno de sus delirios imaginó que eran los recuerdos que tenía atrapados en su mente, recuerdos que habían decidido huir de la prisión en la que se había convertido la cáscara de su cerebro, sí seguramente era eso, por eso la presión en las sienes, por eso cada vez se sentía mejor, por eso las pompas seguían saliendo.
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