lunes, 2 de noviembre de 2009

Cap. 2


Las pompas se habían situado en el techo de la habitación, cada vez el flujo era menor, realmente hacía un buen rato que no salía ninguna, por primera vez se atrevió a tocar la hendidura, era algo raro, una textura extraña, volvió al espejo y vio que la ranura se había cerrado, en su lugar había poco más q una cicatriz, sin darse cuenta comenzó a peinarse para camuflarla entre su pelo.

Se acercó a su cama, se sentía agotada, pese a que el dolor de cabeza había desaparecido, la desorientación de ver sobre ella cientos de extrañas burbujas grisáceas era demasiado para ella, pese al miedo, la curiosidad que sentía hacía imposible dejar de mirarlas, las veía rozarse, parecían jugar unas con otras. Pese a que eran iguales en tamaño, cada una parecía diferente, no conseguía distinguirlas, intentaba seguir con su mirada el recorrido de alguna en su danza, pero las perdía enseguida, las confundía, o al menos eso pensaba.

Estaba tumbada cara arriba, pensando en salir a buscar su cámara de fotos, no se había atrevido por temor a que pasara algo en su ausencia, o peor aún simplemente a que pasara algo más.

Comenzaba a dormirse cuando oyó esa gota, y la que siguió a esa. Se levantó de un salto y empezó a buscar el origen de ese sonido, junto a la puerta había un pequeño charco. Se apartó a tiempo de que una le diese en la cara, caían de la masa de pompas, vio como otra escurría entre ellas hasta caer en el mismo sitio, y en ese momento, realmente fue en ese momento cuando se dio cuenta de que el miedo la hacía temblar.

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