sábado, 5 de diciembre de 2009

Prólogo

La primera vez que la vi estaba dormida. Es algo que nunca podré olvidar.

Acababa de llegar a la casa, yo no quería estar allí, era extraño, pero después de tanto tiempo esperando un fin de semana de relax, llegado el momento, no estaba convencido que perderme en la montaña solo un par de días fuera la solución a los principios de ulcera que me acosaban.

Obligándome a ello, cogí el coche y me perdí durante tres horas hasta llegar a un caserón que estaba a solo a 80 kilómetros de mi casa.

La señora que me recibió sonreía tanto que llegó a asustarme, en apenas 3 minutos me contó como siete generaciones de su familia habían cuidado esas tierras, así como hasta donde llegaban sus lindes, cuantas cabezas de ganado criaban y los diferentes cultivos que allí tenían, por si era poca información, mientras decidía que habitación era más adecuada para mí, me enseñó todas las fotos familiares que colgaban en su salón.

Finalmente me envió al desván, tendría que compartir el baño, pero la habitación tenía chimenea, y el ocupante de la otra habitación de la última planta también estaba solo, con lo que no me daría demasiado ruido.

Se prestó a ayudarme, pero al ver que eran tres pisos a subir le dije que me apañaba solo, siendo sincero, realmente quería que se callara de una vez.

Con mi diminuta maleta subí escaleras arriba, solo había tres puertas allí, la 1 la 2 y una que tenía un ridículo azulejo de cerámica con una bañera pintada en rosa.

Entré en mi cuarto, era realmente bonito, tenía un enorme ventanal con una especie de mecedora a su lado, aunque lo mejor no era eso, ni la pequeña chimenea, lo mejor era la claraboya del tejado, estaba justo encima de la cama, y tenía una especie de persiana que apenas dejaba entrar la luz. Recordando mi niñez trepe encima de la cama y conteniendo unas terribles ganas de ponerme a saltar como un loco, abrí aquella cosa y el sol me dio en toda la cara.

Baje de allí de un salto, me arranque la ropa de humano que estoy obligado a llevar y me puse el bañador, sinceramente me quedaba fatal, creo que tiene más de 6 años, pero ninguna vaca se quejará, supuse.

Cuando salía de la habitación tropecé con una caja que había en el pasillo, chocando contra la puerta dos, entreabriéndola, dándome un cabezazo que más tarde supondría un chichón, pero dejándome ver lo que con mi suerte provocaría mi peor dolor de cabeza.

palabras van

Supongo que por eso no lo hago. Porque cuando empiezo no puedo parar.

Las palabras siempre me han poseído, desde niña. Aprendí a leer con poco más de 3 años, y desde entonces un libro me ha acompañado en cada paso.

Realmente fue antes, dije mi primera palabra a los 6 meses, sí, tan pronto, el nombre de mi madre fue lo primero que salió con coherencia de mis labios, y hoy más de 30 años después aún me cuesta callar.

Me he enamorado de un libro, de la letra de una canción, de un poema, e incluso de una palabra aislada, hay palabras tan bellas. No siempre ha de acompañarlas su significado, a veces su fonética es magia por si misma.

La capacidad para escribir es algo que siempre he querido tener, creo que es algo con lo q se nace, no se puede buscar, uno puede aprender a escribir correctamente, pero lo correcto no siempre consigue enamorar.

Una amiga mía se transforma por medio de las palabras, consigue transportar a la gente a mundos que crea a través de las letras.

Su estilo no es el mío, yo soy más realista, quizá fatalista según otra amiga. Sí, igual peco de triste, pero no yo no sé mudar de planeta.

Busco dentro de mí, en esos mundos que tengo en mi cabeza, en mi corazón o en las plantas de mis pies.

Lo admito, tengo mundos absurdos en mi interior, lo que pasa es que normalmente esos no llegan muy lejos, no porque no quiera, simplemente la fantasía es más efímera que la realidad, y la realidad no siempre es tan alegre como uno quisiera.

Además, la alegría se chilla, no suele escribirse, yo a veces lo hago, pero son las menos, las penas o inquietudes es lo que uno guarda bajo el colchón, o esconde a través de las palabras en un cuaderno viejo, o en el teclado de este ordenador.

Hace tiempo que no escribo en papel, bueno, hace tiempo que no escribo mis pensamientos en un papel, el trabajo ayuda a mantener esa especie de chichón que tengo en el dedo corazón de mi mano derecha. Ese que se hizo a fuerza de diarios sin sentido y de esas hojas del final de todas las libretas de clase.

Sí, me he enamorado de muchas palabras, de la misma forma que por culpa de ellas puedo enamorarme de una conversación, de un momento determinado, de algo inesperado.

Las palabras son el billete de ida, con la vuelta abierta a cualquier mundo. Incluso a esos que están dentro de uno mismo y a los que uno a veces no quiere entrar. O de los que uno no quisiera salir.

¿Veis? Las palabras han vuelto a poseerme.

Cascabeleo, rocambolesco, sinceridad, meretriz.

Que bellas palabras…

A leer...

Instrucciones de lectura de este lugar:

  1. Lo aquí expresado no siempre corresponde con la titular del mismo, a veces son historias prestadas por amigos, aunque siempre lo haya escrito yo, ya sea dando mi opinión o poniéndome en su lugar.
  2. Las entradas no han de corresponder con la fecha en la que ha sido publicada, en ese momento es cuando me ha dado por ponerlas, llamadme vaga.
  3. Siento mucho que no se entienda casi nunca lo que quiero decir, aunque no creo que esto valga para nada, saquen conclusiones libremente…

¡Pregunten que es gratis!!!

Mariposas

El cine te muestra muchas cosas. Hoy lo pensé mientras volvía a casa tras una conversación en la que descartaron psicoanalizarme, (igual es que no tengo solución ninguna).

Ya estamos, ya me he vuelto a dispersar, volvemos a ello, sí, el cine te muestra cosas, o las inventa, pero se retienen de forma absurda en mi mente, y me alcanzan así por las buenas.

Las mariposas tienen lengua, yo lo recuerdo, había un niño con una cara de pena tremenda. Producen efectos, sí, efectos muy extraños en los que el marido de Demi Moore perdía la cabeza, recuerdo más mariposas, incluso una simpática larva que quería llegar a serlo.

Tras ver otras películas aprendí incluso a besar como ellas besan, más que un beso es una bella caricia.

Hoy vi su obra maestra, posiblemente ha salido en alguna película o documental, no lo dudo, pero verlo en persona es algo tan especial que se merece que me disperse sin sentido.

Casi tropieza con mi nariz, esa polilla engalanada, con su vestido negro y naranja parecía volar aturdida. No, no lo estaba, solo danzaba.

Ha bajado al suelo y allí ha acudido su acompañante, desde allí han subido rápidamente hacia el cielo, parecían disparados por un cañón invisible, dando giros la una sobre el otro.

Los he perdido de vista por culpa de la luz del sol. Estarán retozando en alguna nube.

Desde el cielo.

Y los truenos retumban en mi cabeza, destruyen poco a poco el cascarón de mi cráneo, me destruyo, yo ocasioné esa tormenta y no puedo pararla.

Malditos deseos, quise controlar el cielo y ahora no puedo bajarme.

Las nubes son tan suaves y húmedas, como algunos recónditos y lujuriosos lugares, puedes dormir sobre ellas, aunque el frío entrará en tus huesos, ya me castañean los dientes, ya se me está helando la razón.

El viento me gira cual veleta, y doy vueltas y vueltas, ya no me mareo, eso fue al principio, ya vomité todo lo que tenía dentro, solo se ha quedado ahí, lo que se agarra a mis entrañas, ¿porqué no puedo meterme la mano hasta el fondo y arrancarlo sin piedad? Luego se lo regalaría a un tornado para que lo alejase de mí.

Al Sol no le veo, me dejó ciega, sé que está ahí a veces, noto como calienta mi piel, me suda hasta el alma, si es que aún la tengo, creo que se fue con el viento.

Mi corazón ha encontrado su sitio, siempre me dijo dónde quería ir, se escondió debajo del cinturón de Orión que hay en mi piel, esperó su momento, y aprovechó una brisa para huir hacia esas estrellas que tanto conoce.

Desde aquí arriba todo se ve tan pequeño, y yo me siento tan insignificante.

Algo prestado.


Después de tanto tiempo volvieron a verse, lo extraño era que se sentían cómodos, o al menos eso parecía, el tiempo pasaba, demasiado deprisa incluso.

Hablaban, hablaban mucho, ella pensaba que igual demasiado, por lo menos por su parte, intentaba evitar los silencios, esos silencios que le hacían pensar en otras cosas, o en lo mismo, un paso más adelante.

¿Qué hacer?, dejarse llevar, esa es la ley sobre la que siempre ha predicado y ahora no sabe cumplir, lo mira, espera que él haga algo, que la toque, que de pie a que ella lo haga, nada, o no sabe darse cuenta o no quiere hacerlo.

Piensa, pensar no siempre es bueno, ¿qué puede perder?, algo que realmente no tiene. Le toma la mano, algo tan simple, algo que haces con un amigo, realmente con cualquiera, algo que puede ser tan frío, cuesta tanto de hacer. Se le eriza el vello del brazo, recuerda que tiene las manos heladas, ella siempre las tiene, él no, al menos no la ha apartado, incluso ha devuelto el gesto, se acerca, están sentados, uno junto al otro, un espacio mínimo en medio, pero lleno de reparos, ¿de miedo? Se alza levemente, y mientras él la mira sin entenderla, le besa, le besa la frente, él no habla, no la toca, no se mueve, le besa en la cara, piensa en apartarse, en disculparse por el atrevimiento, entonces nota una ligera presión en la mano que aún tienen entrelazada, cierra los ojos, le besa en los labios, y cual cuento de princesas él despierta y responde al beso.

El beso se hace largo, se repite, se renueva, las manos se separan buscando el cuerpo del otro, se nota la indecisión, ¿la vergüenza?, parece mentira.

Se miran, por fin se miran, ella se desliza sobre él, allí en ese banco, en medio del mundo, vuelve a besarlo, le abraza, él la toma de la cintura, deja que sus manos resbalen suavemente hacia abajo.

Besos, solo besos, no, hay caricias, como los niños, se exploran, no se hablan, solo se miran de vez en cuando, no sé si buscan el uno en el otro la aprobación o simplemente comprueban que están allí.

El tiempo se acaba, ¿y las ganas?, ella piensa en seguir besándolo, en recorrer todo su cuerpo con sus labios, en agotar lo que ha costado tanto empezar, no sabemos que piensa él, no deja que lo veamos, podrían parar, levantarse, cumplir el ritual de despedirse y dejarlos pensar en si habrá otro día, otro día igual, o más largo. Podrían parar, levantarse y buscar la forma de seguir, aunque solo sea hoy, no pensar en otro día, no pensar, dejarse llevar, beberse el uno al otro si eso es lo que quieren, no pensar.

El tiempo se acaba, nadie dice nada, ella mira la hora, él la mira a ella…

Quiero

Quiero cruzar al otro lado del espejo, para conocer un conejo con reloj.

Quiero volar hasta la segunda estrella a la derecha directo hacia la mañana.

Quiero recorrer un camino de baldosas amarillas.

Quiero cruzar Fantasía subida en un dragón blanco.

Quiero seguir oyendo los cascabeles.

Incluso hubiese estudiado en Howarts.

Quiero cruzar el laberinto del Fauno.

Quiero conocer a un hada.

Quiero a alguien que me diga como hacerlo, o simplemente que entienda lo que yo quiero.