Y los truenos retumban en mi cabeza, destruyen poco a poco el cascarón de mi cráneo, me destruyo, yo ocasioné esa tormenta y no puedo pararla.
Malditos deseos, quise controlar el cielo y ahora no puedo bajarme.
Las nubes son tan suaves y húmedas, como algunos recónditos y lujuriosos lugares, puedes dormir sobre ellas, aunque el frío entrará en tus huesos, ya me castañean los dientes, ya se me está helando la razón.
El viento me gira cual veleta, y doy vueltas y vueltas, ya no me mareo, eso fue al principio, ya vomité todo lo que tenía dentro, solo se ha quedado ahí, lo que se agarra a mis entrañas, ¿porqué no puedo meterme la mano hasta el fondo y arrancarlo sin piedad? Luego se lo regalaría a un tornado para que lo alejase de mí.
Al Sol no le veo, me dejó ciega, sé que está ahí a veces, noto como calienta mi piel, me suda hasta el alma, si es que aún la tengo, creo que se fue con el viento.
Mi corazón ha encontrado su sitio, siempre me dijo dónde quería ir, se escondió debajo del cinturón de Orión que hay en mi piel, esperó su momento, y aprovechó una brisa para huir hacia esas estrellas que tanto conoce.
Desde aquí arriba todo se ve tan pequeño, y yo me siento tan insignificante.
No hay comentarios:
Publicar un comentario