Después de tanto tiempo volvieron a verse, lo extraño era que se sentían cómodos, o al menos eso parecía, el tiempo pasaba, demasiado deprisa incluso.
Hablaban, hablaban mucho, ella pensaba que igual demasiado, por lo menos por su parte, intentaba evitar los silencios, esos silencios que le hacían pensar en otras cosas, o en lo mismo, un paso más adelante.
¿Qué hacer?, dejarse llevar, esa es la ley sobre la que siempre ha predicado y ahora no sabe cumplir, lo mira, espera que él haga algo, que la toque, que de pie a que ella lo haga, nada, o no sabe darse cuenta o no quiere hacerlo.
Piensa, pensar no siempre es bueno, ¿qué puede perder?, algo que realmente no tiene. Le toma la mano, algo tan simple, algo que haces con un amigo, realmente con cualquiera, algo que puede ser tan frío, cuesta tanto de hacer. Se le eriza el vello del brazo, recuerda que tiene las manos heladas, ella siempre las tiene, él no, al menos no la ha apartado, incluso ha devuelto el gesto, se acerca, están sentados, uno junto al otro, un espacio mínimo en medio, pero lleno de reparos, ¿de miedo? Se alza levemente, y mientras él la mira sin entenderla, le besa, le besa la frente, él no habla, no la toca, no se mueve, le besa en la cara, piensa en apartarse, en disculparse por el atrevimiento, entonces nota una ligera presión en la mano que aún tienen entrelazada, cierra los ojos, le besa en los labios, y cual cuento de princesas él despierta y responde al beso.
El beso se hace largo, se repite, se renueva, las manos se separan buscando el cuerpo del otro, se nota la indecisión, ¿la vergüenza?, parece mentira.
Se miran, por fin se miran, ella se desliza sobre él, allí en ese banco, en medio del mundo, vuelve a besarlo, le abraza, él la toma de la cintura, deja que sus manos resbalen suavemente hacia abajo.
Besos, solo besos, no, hay caricias, como los niños, se exploran, no se hablan, solo se miran de vez en cuando, no sé si buscan el uno en el otro la aprobación o simplemente comprueban que están allí.
El tiempo se acaba, ¿y las ganas?, ella piensa en seguir besándolo, en recorrer todo su cuerpo con sus labios, en agotar lo que ha costado tanto empezar, no sabemos que piensa él, no deja que lo veamos, podrían parar, levantarse, cumplir el ritual de despedirse y dejarlos pensar en si habrá otro día, otro día igual, o más largo. Podrían parar, levantarse y buscar la forma de seguir, aunque solo sea hoy, no pensar en otro día, no pensar, dejarse llevar, beberse el uno al otro si eso es lo que quieren, no pensar.
El tiempo se acaba, nadie dice nada, ella mira la hora, él la mira a ella…
No hay comentarios:
Publicar un comentario